Nada tan cierto como que no hay nada nuevo bajo el sol, sino que a lo sumo lo que hace es cambiar el aspecto adaptándose al tiempo, a las circunstancias, o quien sabe a qué. En aquellos tiempos de los libros de caballería, seguro que se daban hechos que ponían los pelos de punta a todos y sobre todo a las gentes de bien. Y por eso la anticipación que se le ocurrió al bueno de Cervantes, puesta en boca del manchego don Quijote.
Ahora, varios siglos después, la frase tiene pleno vigor entre nosotros, entre los de a pié –que somos la mayoría, descontada la clase dirigida y un puñado de fortunas--, entre los que cada mañana nos desayunamos por lo general con malas noticias.
En cuestión de dineros, ahí estamos viendo como la bola de nieve marca Urdangarín cada vez se está haciendo más grande y continúa rodando da la sensación que se ha vuelto imparable, sin que nadie sea capaz de detenerla, y tal como se ha demostrado, ni tan siquiera el Rey. En cuestión de leyes, Garzón se ha tenido que sentar en el banquillo con una expectación incluso internacional, por haber escuchado lo que al parecer no podía hacerlo. Y dentro de pocas fechas, el ex ministro Pepe Blanco –gallego de origen, no quien fuera el afamado cantante riojano intérprete de aquel festivo “Cocidito madrileño”— también ocupara asiento reservado de primera fila en una sala de vistas judiciales. Mientras, en Sevilla se ha dado por buena una sentencia que aún ajustándose a Derecho, pone en tela de juicio la decisión de un tribunal en el caso de la chica muerta y desaparecida.
Cosas veredes, Sancho… Ahora resulta que casi todos somos Sancho. Se nos ha dicho que es preciso que nos apretemos el cinturón para salir de la crisis por la que navegamos desde hace unos años… Pero el término empleado no parece correcto, porque los tiempos reflexivos, los conjuga uno personalmente. Es decir, nadie impone nada. Dicho de otra forma, eso de apretarse el cinturón, es acción de uno mismo, y de nadie más. Si otro interviene, a eso hay que denominarlo imposición.
Pero en fin, Mariano Rajoy ya ha recibido en su “sancta sanctorum” de La Moncloa a Sarzkozy, mientras que al presidente del Consejo Europeo, el belga Van Rompuy, lo ha invitado a comer y han hablado de crisis y de medidas para paliar tan confusa situación. Falta tan solo dar las oportunas explicaciones a la señora Merkel y eso será dentro de unas fechas.
A ver si poco a poco vamos entrando por buen camino, aunque cosas veredes. ¿Cuántas nos faltarán por ver todavía…?








